Epimeleia, en griego, significa Cuidado.
El cuidado hacia Uno
El cuidado a los vínculos
El cuidado hacia lo espiritual



Somos una Asociación Civil sin fines de lucro, dedicada a brindar servicios de Consultoría psicológica.
Formados en el Enfoque Centrado en la Persona, sabemos que es el individuo el que poseé los recursos necesarios para su mejor desenvolvimiento.


NUESTROS OBJETIVOS

Desde el Counseling, nuestro objetivo es:

* Ayudar, orientar y acompañar a todas aquellas personas o grupos que se hallen en circunstancias difíciles del transcurrir vital para que logren una mejor calidad de vida
* Facilitar procesos de cambio, desarrollo y despliegue en personas y grupos
* Difundir lo concerniente al Counseling y al Enfoque centrado en la persona como profesión de ayuda y como metodología de trabajo
* Actuar como agentes de prevención primaria
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lunes, 1 de junio de 2015

Biblioteca para la Persona

    ¡En Epimeleia estamos orgullosos con la Biblioteca para la Persona!
En Mayo de 2015 entraron a visitarla más de 20.000 personas de todo el mundo.

Una biblioteca virtual Libre y gratuita del ECP y el Counseling.

Te proponemos que si no la conoces que entres y ¡mires todo lo que tiene!

También, si ya la conoces…. Que nos ayudes para hacerla conocer.

¿Cómo hago eso?

Podés compartir este post y además…
Te pasamos el link de la página de Epimeleia en el Facebook y si más y más ponen "me gusta" muchos más la conocerán:


Gabriela Cartasso
Alejandro Lemos


martes, 2 de octubre de 2012

La mariposa. Una historia conocida

En el momento que vemos una mariposa, una cascada de sensaciones se pueden abrir, según la experiencia de cada uno de nosotros.
Hay una secuencia en la vida de la mariposa, un paso y traspaso, un proceso de cambio que fuera utilizado como una gran metáfora de una transformación en las personas.
Para llegar a ser mariposa, el bichito tuvo que ir transitando por diferentes estadios, un andar trascendente en el ir siendo mariposa.
Cuando dejó de ser un huevo, un proyecto de futuro por venir, el primer movimiento de su transcurrir es andar como un gusano. Una insignificante larva que para colmo, a medida que crece se torna desagradable y horripilante. Repta, gusanea todo el tiempo entre las hojas, tiene unos pelos largos y come sin parar. En fin, pocas veces las encontramos ya que están confundidas en el follaje.
Un día, se instala en el gusanillo un propósito de recogimiento, donde avanzará al primer paso en el proceso de cambio.
Con sus propias sustancias, crea un hilo que al enredarlo en si misma, cierra un capullo y se transforma en crisálida, dejándola atrapada en sus propias ataduras.
Allí dentro, sola con sus fuerzas, va a realizar una maravillosa travesía de transformación
Apretada en el capullo, le irán creciendo unas alas, que por el poco espacio, las mantendrá replegadas en una contorsión exagerada.
Entonces en un momento, aparecerá un estímulo milenario, una necesidad irrefrenable de salir, de moverse y asomar como mariposa.
Enmarañada en su ovillo, apretada por la envoltura y los cambios internos, intentará realizar un movimiento para romper la funda y salir al día.
Un esfuerzo descomunal debe ser para ese insignificante gusanito que emprendió con la decidida tarea de cambiar por cambiar y nada más. Un arranque delicado de paciencia y fortaleza, de tensión y templanza, de soledad y desafío.
Durante un lapso irá desgarrando la cobertura que la atrapa y moverá lentamente las alas, haciendo fuerza en un gran equilibrio de energía y tiempo.
Al finalizar la rotura de la cápsula, queda inmóvil por unos instantes, como extenuada, como asombrada, como intrigada y decidida comienza un aleteo para iniciar el vuelo.
La mariposa se construye a si misma, despliega sus potencialidades en formas y colores, en un irreversible proceso de llegar a ser mariposa.
Supongamos que existe una tecnología que pudiera aliviar el inmenso esfuerzo que realiza la crisálida, y con ciertos aparatos se pudiera abrir el capullo sin lastimar la futura mariposa. Con unas finas pinzas, ayudar en ese proceso doloroso de cambio. De esa manera no sufre, todo ese movimiento le es más leve y el cambio es más sencillo de soportar.
¿Qué pasaría entonces? Sencillamente no lograría su objetivo. Quedaría con las alas plegadas, sin poder volar, sin siquiera poder abandonar ese lugar, sin llegar a ser mariposa.
Cada uno de nosotros pudo haber sentido una mariposa dentro, luchando por un cambio, avanzando silente en una modificación buscada, una necesidad de desplegar las alas y volar a lo elegido.
También, en estos inmensos giros de la vida, en estos meandros vuelteros que avanzan hacia atrás, en las resiliencias pequeñas y las gigantes, en todas ellas, volvemos a encontrar una mariposa dentro para iniciar un nuevo proceso de cambio.

Alejandro Lemos
nevioalejandrolemos@gmail.com

martes, 7 de agosto de 2012

Las herramientas necesarias

Preguntarnos cómo configurar experiencia,
es preguntarnos por las experiencias posibles
en un presente que no se resigne a ver lo que pasa,
sino que considere lo que sostiene y
haga que pase lo que pasa

Michel FOUCAULT “El interés por la verdad”. En: Saber y verdad.





En el inicio de nuestro andar en la vida, nos encontramos frente a una escalera, que insinuante nos invita a investigar la existencia. Esta se nos presenta ante nuestros ojos imponente, abierta y magnífica, con un amplio lugar para iniciar el ascenso.
Pareciera que dentro de nuestro ser, hay un motor interior que se mueve directo hacia los primeros escalones, una fuerza inquieta y exploratoria, que nos lleva hacia adelante, a avanzar y actualizar en cada peldaño, la experiencia de vida.
La vamos encaramando durante largo tiempo, efectuamos un registro de nuestras percepciones, al mismo tiempo cotejamos las fuerzas necesarias, y las herramientas adquiridas para mantener la subida.
Como único equipaje, llevamos dentro de nuestro ser, una pequeña caja de herramientas que nos acompaña durante todo el trayecto.
En esa minúscula caja, están todas las herramientas necesarias para cada suceso de nuestra subida, cada situación desconocida que nos provoca tensión, cada evento extraño que abra la experiencia y requiera una búsqueda de soluciones.
Espontáneamente, a medida que avanzamos, van apareciendo más y más herramientas, todas ellas necesarias para ir resolviendo la complejidad del ascenso, y sentirnos fortalecidos.
Es así que a cada paso vamos resolviendo el acontecer de la vida, hacemos con las herramientas que tenemos todo lo que podemos.
Puede pasar, por alguna razón desconocida, que en el progreso de la escalera nos acostumbremos a utilizar una sola herramienta. Nos apropiamos del martillo como única elección.
Es algo paulatino, como el martillo puede ser útil en un escalón suelto, colocar un clavo entre tablas, afirmar una baranda desajustada, nos parece entonces que el martillo es de plena actualidad como herramienta. Como si hubiéramos perdido dentro de nosotros el resto de las herramientas.
Claro es que cuando aparece una tuerca para apretar, un tornillo para ceñir, un clavo saliente para sacar, el martillo se muestra inapropiado, de ninguna utilidad. El resto de las herramientas no aparecen con claridad, incluso se sienten perdidas o abandonadas.
Entonces puede surgir que haya alguna parada sin programar en la subida de nuestra escalera, un freno en la escalada y el intento de solucionar esa situación inesperada, solo con el martillo. Puede emerger entonces, dudas, sensación de frustración, un estremecimiento al contactar la impotencia, la declarada impresión de haber perdido la validación de si mismo.
Para esa altura de la escalera, pueden aparecer varias interrupciones, detenciones interminables en algún recodo sombrío, en algún descanso muy transitado por todos los que continúan la subida, o podemos quedarnos sentados entre escalones sin atinar una salida.
Incluso, a veces sucede que descendemos varios escalones como si estuviéramos confundidos, consternados, desorientados o con pocas respuestas.
Esa pequeña caja de herramientas siempre está dentro nuestro, sucede que ha quedado oculta, olvidada y sin actualización.
Revisar la experiencia en el presente de cada uno de nosotros, nos permite ir reconociendo las herramientas perdidas y ponerlas en actualidad para el uso diario.
Así entonces, podremos incorporar herramientas nuestras, provenientes de la experiencia adquirida y usarlas con facilidad en los momentos necesarios para subir nuestra escalera.


Alejandro Lemos
nevioalejandrolemos@gmail.com

domingo, 26 de febrero de 2012

La pequeña caja de zapatos

Cuando nací el primer regalo que tuve, fue una pequeña caja de zapatos vacía.
Como soy un ser único, compuesto por los átomos de algún sol extinto, mi pequeña caja personalizada, me sirvió para guardar y ordenar las preferencias de todos mis recuerdos, anécdotas, emociones y vivencias, que se fueron creando durante mi vida.
Un día, y es preciso decir que no hay una fecha solemne, me encontré con todas esas experiencias que disponían la muestra de mi existencia.
Dentro de la pequeña caja, se fueron acumulando simples tarjetas. Una especie de ordenador de costumbres, recuerdos, sentimientos y situaciones en un pequeño archivo móvil.
Cada tarjeta mantuvo el significado de alguna obligación, un placer, un sueño, una salida, un disgusto o una rutina.
Como siempre he sido una persona muy ordenada, al acumularse tanta cantidad de fichas, una a la zaga de la otra, las organicé en grupos, como en parcelas divididas en sectores, para sentirme más preciso
A medida que fueron pasando los años, con la sobrecarga de actividades, se produjo un exceso de tarjetas, y ante tanta reserva, consideré necesario numerarlas.
Me apasionaba ver que cantidad de cosas hacía, sentía, y mantenía en mi vida. Claro está que no era fácil, ya que la sobrecarga de deberes y deseos, sumado al obstáculo que me imponía el tiempo real, me hizo decidir darle un porcentaje a cada sector.
Fue así que quedó establecido como iba a vivir. Dediqué la proporción principal a mi familia, mis hijos tenían la mayoría del tiempo dentro de ese fragmento, luego venían mis padres, mis primos, y fue aquí que me di cuenta que el llamar por teléfono a la tía Marta en Saladillo, había quedado con la tarjeta número 65 de la porción correspondiente a los cercanos.
Me sentía seguro con la organización que había construido, consideraba que todos estaban conformes con la técnica establecida de mi parte.
De esta forma, el jugar al fútbol con mis amigos quedó en la tarjeta 32 dentro de la pequeña parte que correspondía a mi recreo personal.
La segunda fracción en importancia se lo había asignado al trabajo, sin embargo en esa pequeña cantidad de fichas, me resultaba difícil el acomodar tantas tareas.
Ésta simple forma de constituir los días, había resultado práctica, pero ya fuera separándolo en meses, años, o decenios, no podía encontrar el tiempo suficiente para mantener todas esas tarjetas en funcionamiento.
Realicé por ese entonces un esfuerzo formidable, como un malabarista del universo, intenté vanamente en mantener a los planetas en movimiento.
AllÍ sucedió la última de las distribuciones previstas para mi caja de zapatos. Armé, como un artesano medieval, una separación imaginaria entre las que podía llegar a tener en actividad y las que consideraba muy lejanas las dejé en espera interminable, aplastadas como el olvido de una borrachera.
Quedó entonces, estudiar italiano, ir a ver los glaciares y compartir el carnaval de Jujuy con mis hijos, entre tantas otras, fuera de posibilidades.
Cada uno de nosotros tiene su pequeña caja de zapatos, personal e irrepetible, la mantiene y lleva como considera y puede, según las circunstancias vividas.
Puede ocurrir entonces, que en un resbalón, una zancadilla perfecta que revuelque a las personas, como una ola arrebatada, nos desprenda de la caja de zapatos, se caiga al piso y se desparrame la perfecta organización, como si fueran hojas de otoño.
También, puede pasar que cada persona se pregunte en algún momento del vivir, por el sentido de esa caja de zapatos tan pesada.
Con los años, se acumulan mandatos inflexibles y tantos “deberías” que en mi caso, me sentí tentado en pedir ayuda a quien supiera arreglar cajas de zapatos. No hay quien sepa, me dijeron. Solo conozco gente que te acompaña a elegir las tarjetas que quieras mantener, dijo otro.
Claro que puede parecer confuso en un principio, el revisar tantas fichas. Se percibe agotador tanto orden forzado y tanta rigidez enumerada.
Comencé a transitar un proceso de cambio con una persona que me facilitó ese camino, con la posibilidad de considerarme libre, seguro de no ser juzgado ni criticado.
Entonces, con ese clima de confianza me desaté los nudos de los zapatos y caminé descalzo sobre todas las fichas, eligiendo minuciosamente cual aceptaba dentro mío. Flexible como un arco persa, me impulsaba al hoy con la fuerza de un trueno en la montaña y emergía paulatinamente como agua clara.
Ahora recuerdo mi caja de zapatos, con las miles de historias concebidas y el peso de los años acumulados. Esa caja vencida por el tiempo y validado lo que era mío, fue puesta en otro lugar, un paradigma distinto que me hace sentir conforme.
Esa caja contuvo todo aquello que acepto de mi y fue lo mejor que pude hacer en esos tiempos vividos.
Erguido sobre el presente, me veo en el sendero y percibo en mis pasos, que sigo transitando mi vida. Hoy estoy aquí, ahora reconozco el día a día, no tengo más tarjetas con números establecidos y mi caja de zapatos es solo mí experiencia diaria, tan liviana de llevar.

Alejandro Lemos
epimeleiaargentina@gmail.com

viernes, 9 de diciembre de 2011

Por favor, No te detengas!

Una vez más la tierra, nuestra casa, está por dar una vuelta completa al sol. Una vez más, avanzan sobre nosotros los conceptos de final y comienzo. Como si cada año debiéramos hacer un arqueo de buenas y malas, arriba y abajo, lindo y feo.
Un balance de dos columnas que parecieran anular los matices y percibimos descoloridos cada paso que hemos dado.
Una necesidad de parar, de frenar la marcha y quedarnos en una frontera del tiempo.
En alguna parte antigua de nuestro cerebro primitivo, se instaló y se activa con mucha facilidad, las sensaciones de peligro, la amenaza, el siniestro. De alguna manera estamos preparados por esta arcaica irreflexión a la fatalidad y la adversidad.
Solo basta mirar los noticieros de cualquier parte del planeta y veremos con seguridad la insistencia a la noticia penosa y dramática. Inmediatamente recibida por nuestra mente, los pensamientos se agolpan en un sistema de defensa como una muralla medieval.
Se activan rápidamente alarmas, como un ser prehistórico en su cueva, desnudo de luz y amenazado por sombras.
Este ciclo astral que para los occidentales nos detiene el 31 de Diciembre, y que para distintas culturas, realiza el corte en diferentes momentos del año, nos pone en un estado de balance y cavilación sobre el antes y el después.
Por unos días, quedamos insertos en una trama espesa de recuerdos y sensaciones del último año. Un recuento de evocaciones con los dolores y penas de lo perdido. También, podremos encontrar los estallidos de felicidad que han acontecido en el mismo período
Una sucesión de fotografías, irán apareciendo hasta llegar a las 23:59 del último día del año. Como en un tobogán fatal, se mezclarán lo vivido hasta destapar la primera botella espumante.
Luego, aparecerán infinitos deseos y augurios. Una catarata de intenciones y objetivos. Un mar de situaciones plácidas y confortables una galera de mago para sacar el conejo de la felicidad en ese día.
Contrariamente, la felicidad es una construcción. Una delicada y constante intención por permanecer en ese estado.
Una persona en búsqueda de la felicidad, estará con las mangas de la camisa enrolladas, pico y pala en el adobe de la vida, armando delicadamente cada ladrillo.
Trabajará diariamente para cimentar la felicidad. El rumbo del camino se formará con los planos de la intención.
La felicidad no está detrás de un arco iris mágico, más bien es el producto de una pertinaz exploración y el armado de la obra.
En estos días de fiesta que nos regalamos tanto amor, deseos de paz mundial y una armonía universal, te propongo que no te detengas.
Te propongo que no te detengas en tu construcción diaria, te propongo que juegues que cada día es una celebración, un aniversario o una festividad.
Te propongo que avances en tu calendario y continúes la construcción. Abraza a tu vecino un 14 de Abril, que le declares el amor a tus hijos, fuera del cumpleaños, revisa tus enojos con tu hermano y ayuda al otro, por ayudar y nada más.
Cada día un adobe, cada día una argamasa, y la pared de la casa estará firme y rebozante de felicidad.
Entonces, cuando arrecien los vendavales, y se lastimen partes de mi hogar, buscaré en cada célula mía, los elementos necesarios para seguir adelante.
Mi propósito definitivo en la construcción de la felicidad es la de morir amando.

Alejandro Lemos
epimeleiaargentina@gmail.com

lunes, 19 de septiembre de 2011

La percepción

Dr. Claudio Rud,
de sus charlas,
de las cuales sustraje la idea de
“los consorcios”


La percepción, esa íntima experiencia

El acto de percibir, aparece como una ecuación entre los sentidos y cierta traducción de las sensaciones, que las hacen únicas para cada uno de nosotros.
Toda percepción, implica una inevitable afectación del cuerpo propio, por el impacto sobre el del otro cuerpo. A esto, Spinoza lo llamó: Conocer por la imaginación.
Además de sensaciones, podemos percibir emociones de cualquier tipo, imágenes que aparecen como fotografías instantáneas y sentimientos que abarcan todo el abanico de lo humano.
La percepción es entonces, el resultado de cada una de nuestras experiencias. Única e irrepetible, lo que fuimos experimentando fue anidando en nuestro cuerpo para que de alguna manera le fuéramos poniendo nombre y le llamáramos percepciones.
El procedimiento para percibir fue tomando forma desde muy pequeños, para hacer un molde original, exclusivo y personal.
Pareciera que desde niños, nos hubiéramos puesto unos lentes imaginarios y a través de esos cristales, vamos reconociendo cada emoción, cada sensación y cada sentimiento. Como si esas lentillas tan exclusivas, fueran especificando cada experiencia como la verdad. Más concretamente, mi verdad.
Dentro de cada una de las experiencias de las personas, se van acumulando los juicios y prejuicios, los valores y mandatos. De esta forma, las lentes van registrando las diferentes percepciones. Quedan entonces, ideas parciales, inadecuadas y mutiladas.
Distintas personas con sus cristales pueden percibir en un muchacho con pelo largo y teñido en un color inusual, a un hippie, alguien raro, exhibicionista, feo, un loco lindo, una persona peligrosa y la innumerable posibilidad de adjetivar ante las percepciones diferentes.
La dificultad de percibir la experiencia sin distorsiones, o incluso, la ausencia de percepción en algunas experiencias, muestran un estado de desacuerdo interno, que de cierta manera, al haber sido vivido y no percibido, queda dentro del cuerpo manifestando el inconveniente.
Una forma de dar lugar a la experiencia, de abrirse a la experiencia, podrá ser el revisar esos “lentes”con que se mira.
Iniciar un proceso de cambio para dar significado a la experiencia que no está percibida o se la percibe con dificultad, es el primer paso para mirar el lado oculto de la luna.
Una forma para iniciar la extracción de esos lentes, podrá ser la de mirar desde un lado distinto y divisar las diferencias de mis propias percepciones.
Por ejemplo, revisar atentamente con la vista todo lo que hay en la habitación. Mirar delicadamente para estar seguro que vi todas las cosas que hay en el lugar.
Luego de unos minutos, tomar una silla y ponerla en un extremo del rincón. Pararse sobre el asiento y volver a mirar todo como si fuera la primera vez.
Todo estará distinto, aunque parecido a lo conocido. La diferente perspectiva, mostrará los objetos disímiles pero sabidos, ya que fueron producto de la experiencia vivida al registrarlos con “los lentes puestos.”
El reconocer que hay otra manera de mirar, otra forma de percibir la experiencia, dará lugar para abrir el camino a buscar las desiguales experiencias y percibirlas sin lentes
La percepción de la experiencia nos permitirá ir encontrando a los diferentes y hasta desconocidos sectores que son nuestros, ya que pertenecen a nuestra experiencia.
De esas zonas en sombras, con escasa percepción de nuestra parte, pueden encontrarse innumerables experiencias que completarán al ser que vamos siendo.
De alguna manera, todos tenemos un Gandhi y un tirano adentro. De cierta forma, podemos divisar mejor a unos y no percibir a otros.
Como en un espectro de colores, hay dentro de nosotros una gama de experiencias que podrían cubrir todas las tonalidades conocidas.
Ponerse en la situación de que cada uno, es un edificio de departamentos muy grande. Con gran cantidad de pisos y diferentes alas, haciendo del edificio un conglomerado gigante.
Hay un edificio así para cada uno de nosotros. Un inmenso edificio con cientos de departamentos donde en cada uno de ellos, vive una parte mía. Un Alejandro que tiene características específicas de una experiencia de mi vida.
Cada uno de los “Alejandros” que vive en el edificio, puede que sea bien conocido.
Digamos que los más frecuentados se los encuentra rápidamente por los pasillos, en el ascensor, o tienen sus viviendas a la calle.
Sin embargo, si la percepción de la experiencia no es completa, habrá algunos de los copropietarios que no son tan conocidos. Incluso, habrá ciertos que nunca fueron vistos.
Hay entonces en este edificio, miles de experiencias que son mías y quizás alguna no está reconocida.
Iniciar un proceso de identificación, abrir las puertas y ventanas de todo el edificio y saber al dedillo incluso de aquellos que han estado encerrados, aislados y sin conocer, es en si, el inicio de la percepción interna de la experiencia.
Hacer una reunión de consorcio y juntar a todos los integrantes. Abrir un debate interno sin censuras y prejuicios. Intercambiar con otras partes del edificio en la convicción que también son experiencias propias, abrirá el camino a la aceptación de ser yo mismo con todas mis diferentes percepciones de la experiencia.

Alejandro Lemos
epimeleiaargentina@gmail.com